Cada 9 de abril es una fecha que honra la memoria, pero también visibiliza historias de resistencia que hoy florecen en los territorios. Una de ellas es la de una familia campesina en el municipio de La Peña que, tras años de haber sido despojada de su tierra, hoy vuelve a sembrar futuro en el mismo lugar que un día tuvo que abandonar.
El miedo los obligó a salir. Como miles de
familias en el país, dejaron atrás su hogar, su historia y sustento. Durante
años vivieron el desarraigo, cargando con la incertidumbre de no saber si algún
día podrían regresar. Sin embargo, el proceso de restitución de tierras les
devolvió más que un predio: les devolvió la posibilidad de empezar de nuevo.
“Hoy, esa nueva historia se
escribe entre corrales, alimento balanceado y el crecimiento de un proyecto
porcino que se ha convertido en símbolo de resiliencia. La cría de cerdos no
solo representa una fuente de ingresos, sino una apuesta por la estabilidad, la
autonomía y la permanencia en el territorio. Como los Pedroza, más de 200
familias en Cundinamarca cuentan con un proyecto productivo beneficio de las
sentencias”,
recalcó Martha Liliana Arévalo, directora territorial de la URT Bogotá,
mientras recorría el predio de la familia.
“Volver no fue fácil. Uno
vuelve con miedo, con recuerdos. Pero también con esperanza. Este proyecto de
cerdos es nuestra nueva oportunidad. Hoy podemos decir que estamos viviendo de
nuestra tierra y eso nos llena de orgullo”, expresó José Ignacio Pedroza, beneficiario de
restitución.
Este tipo de iniciativas son fundamentales en
los procesos de reparación integral, pues permiten que las familias no solo
regresen, sino que permanezcan en condiciones dignas. A través del
acompañamiento técnico y la formulación de proyectos, se fortalece la economía
campesina y se consolida el arraigo.
“La restitución de tierras no termina con la entrega del predio.
Nuestro compromiso es acompañar a las familias para que puedan reconstruir sus
proyectos de vida. Los proyectos productivos son clave para garantizar que el
retorno sea sostenible y que las víctimas encuentren en su tierra una verdadera
oportunidad de futuro”, afirmó la directora territorial.
En este mes de conmemoración por las víctimas, historias como esta
nos recuerdan que, aunque el conflicto dejó heridas profundas, también existen
caminos de reparación, dignidad y esperanza. Hoy, en La Peña, una familia
vuelve a creer, producir y vivir sin miedo en la tierra que siempre les
perteneció.
